Por Fabio García
No hay que mezclar el arte con la economía. El artista debe liberarse de las presiones del mundo comercial y dedicarse únicamente a la noble tarea de la creación, en este caso, de su música. El artista no debe ocuparse de sus finanzas; eso consumirá las energías que debe volcar en la composición.
A menudo se escuchan o leen oraciones como las anteriores; en algunas ocasiones de boca de músicos y otras de representantes. El punto es que estamos lejos de vivir en un mundo perfecto, especialmente en Argentina, y estamos rodeados de personas inescrurulosas – músicos, representantes, dueños de locales – que suelen decir muchas cosas y hacer, precisamente, otras.
Somos músicos y al mismo tiempo habitantes de este planeta. No somos un grupo de extraterrestres que han sido colocados en esta suelo; por lo tanto debemos ocuparnos de nuestros asuntos.
Ningún empleado de oficina o fábrica dejaría de lado sus intereses económicos para concentrarse únicamente en las cuestiones de su oficio. Si tenemos la suerte de poder recibir honorarios por nuestra tarea como músicos, de la misma manera que cualquier otro trabajador, es un deber velar por nuestros intereses; aún si hemos contratado a un representante.
El trabajo de un representante es muy importante cuando se realiza en la forma correcta. Una relación de confianza entre el artista y su representante seguramente traerá buenos frutos para ambas partes. Un buen artista es el tesoro del representante, y por cierto sabrá como presentarlo y ofrecer sus servicios. Por su lado, el artista que cuenta con un buen representante, sabe que éste buscará siempre las mejores condiciones laborales y económicas que pueda conseguir para que ambos resulten beneficiados.
...está todo bien; somos amigos
Sucede en el ambiente de la música, como en cualquier otro medio, que por cruzar un par de acordes durante una noche, un par de tragos y algunas palabras, dos personas se autoproclamen “amigos”, estableciendo una amistad virtual, que naturalmente llevaría años en desarrollarse. Esa amistad virtual, genera una confianza también virtual, que, también naturalmente, en algún momento, y por el menor inconveniente, se termina.
En ese contexto surgieron, surgen, y seguramente, surgirán relaciones artista/representante. Por el tipo de trabajo realizado por cada uno, y por frases como las que se mencionan en el inicio de este artículo, quien tiene más que perder ante una situación problemática, es el artista. ¿Por qué? Porque el artista suele dejar muchas cuestiones en manos de su representante. Además, porque el artista suele ser bohemio, y el representante, calculador. No hay que enojarse, a grandes rasgos, esas son las características de ambos actores.
...está todo bien; no pasa nada
Hace casi dos años se produjo una de las tragedias más grandes de la historia de la música en Argentina. El resultado es la combinación de varios factores que habitualmente se producen en este país. A veces pienso que de verdad Dios debe ser argentino, de lo contrario no entiendo cómo hemos llegado hasta aquí sin mayores catástrofes.
No creo en el facilismo de decir que la culpa es de todos. Los habitantes de Argentina son especialistas en echarle la culpa al vecino cuando no se sabe enfrentar las responsabilidades. Creo que hay culpables fácilmente identificables; y también creo que algunos tuvieron la “mala suerte” de haber tenido participación directa en tal siniestro acontecimiento, cuando a muchos colegas podría haberles pasado lo mismo.
Algo es claro, si un local tiene capacidad para cierta cantidad de personas, no se puede comenzar un recital cuando se vendieron muchísimas más localidades que las permitidas. Es cierto que el Estado o la Municipalidad tienen que velar por el cumplimiento de las ordenanzas, pero también es cierto que todos tenemos responsabilidades. Si tenemos un accidente por haber cruzado un semáforo en rojo, no le echemos la culpa al Estado por no controlar cada esquina.
No hay que comenzar un recital cuando no están dadas las condiciones de seguridad indispensables en el caso de accidentes. Los accidentes pasan, y hay que preverlos. Como músicos, en nuestro caso, no debemos huir de las responsabilidades; no podemos confiar en un representante “amigo”. Debemos estar al tanto de dónde vamos a tocar, y saber si todo está verdaderamente en orden. Es difícil, lleva tiempo, pero, por supuesto, no es imposible. Es cuestión de empezar a hacerlo.
El grupo de Rock que tocaba esa noche quedó marcado, y tal vez no logre salir adelante como grupo de música, pero tengo que reconocer que tuvieron la “mala suerte” de ser los escogidos por el trágico destino. Con toda seguridad, otros grupos hicieron lo mismo; ellos también habrán realizados cientos de presentaciones en las mismas condiciones, y nunca pasó nada, pero un día pasó.
Un representante concertó una presentación, el músico terminó su ensayo, guardó la guitarra, se subió al transporte, se bajó en el local donde tienen que tocar, y empezó el show. Esto no está nada bien. No vivimos en una nube; no somos extraterrestres. No podemos, simplemente, dejar todo librado en manos de un representante; no podemos caer en la estupidez de pensar que nunca va a pasar. Siempre hay que tener un ojo puesto en la otra parte de nuestro trabajo.
Autenticidad
Se supone que el artista debe ser auténtico con su propuesta. Las letras de las canciones expresan aquello que el compositor, y el intérprete quieren decir. Es precisamente, en las letras donde se denuncian las faltas de responsabilidades, de mil maneras diferentes, como ejemplo, contando el dolor por la pérdida de un ser amado en circunstancias trágicas.
También se supone que el músico con sus canciones enfrenta muchas veces al Sistema que impone sus condiciones para realizar un trabajo; por lo tanto no podemos ser cómplices de sus maniobras.
El Sistema muchas veces está representado por dueños de locales, que cobran por tocar, aduciendo que ellos ponen todo, cuando no se ocupan de cuestiones básicas que tienen que ver con la higiene y seguridad. Además, si tienen todo, ¿por qué no tocan para ver qué pasa?
El Sistema, en otras ocasiones, está representado por inspectores corruptos que hacen la “vista gorda” ante evidentes faltas a las ordenanzas. También encontramos representantes sin principios que sólo ven billetes. No quiero mencionar que el Sistema también toma la forma de músicos.
Hay que ser auténticos con aquello que decimos en las letras de las canciones. Si pido libertad, tengo que aprender a manejar esa libertad. Si critico el “arreglo”, la “transa”, no tengo que arreglar o transar con ciertas cosas.

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